Un niño gritó: ¡El rey va desnudo!


Cuando trato de comprender  lo que está pasando en Guatemala, desde el viernes  31 de agosto, cuando  el presidente Morales anunció  que no renovaría el mandato de  la Cicig, vino  a mi  mente el cuento de Christian  Andersen: El  Rey   que va desnudo.   Esa historia  refiere la actitud de un  niño que se atreve a decir, mientras el rey en su  caravana   desfila pomposamente,  lo que nadie se atrevía o quería ver: que el rey no llevaba un lindo traje,  sino que simplemente  iba desnudo.  Para aquellos lectores que no  conocen esta historia la narro con  adaptaciones a nuestra realidad chapina. Me  preocupa  la crisis política que vivimos hoy.  Las acciones del presidente Morales no solo nos enfrentan como población, sino que paralizan  al país y sientan un grave precedente de incertidumbre  a nivel internacional. El cuento dice así: “De vez en cuando, la población de un país que no vivía feliz porque había mucha pobreza,  salía a las calles a presenciar un desfile de disfraces, donde, quien hacia el personaje del rey no iba vestido,  sino que iba  desnudo. Sin embargo, cuando el rey pasaba frente a la gente y especialmente aquellos  mayores de edad, todos exclamaban que el rey iba preciosamente vestido. Los sastres comentaban que   habían confeccionado el traje con  finas sedas que armonizaban con las  joyas  y relojes de oro que el rey llevaba.   Así pasaron varios  años. El  desfile se efectuaba de noche, por lo que los niños no podían asistir. Pero un día, el rey estaba tan seguro de que su lindo traje sería una gran atracción  que  decidió salir en una hermosa caravana artillada a plena luz del día. Al  pasar frente al primer grupo de admiradores,  todos alabaron lo bien que se veía.  Lo mismo ocurrió con el grupo de gente mayor. De repente, entre la multitud del décimo grupo, un niño se atrevió a murmurar:  “Pero yo  no veo ningún traje, ¡el  rey va desnudo!”  La gente, molesta,  lo regañó y ¡shshsh!, le pidieron que se callara.  El niño salió corriendo  para buscar  a otros niños y contarles lo que había visto.  Entonces los niños  se pusieron de acuerdo para  buscar un lugar  por donde pasaría el  desfile  y  cuando vieron  al rey exclamaron la verdad: “¡El rey va desnudo!” La  gente mayor  se hizo la sorda.   Cuando los niños gritaron lo mismo  por tercera vez,  una  nube  de mariposas blancas y amarillas surgió de la nada y cubrió las cabezas de las personas presentes en el desfile. Cuando las mariposas se alejaron la gente abrió los ojos y lo que miró fue  a un rey sin su disfraz, ¡y que iba desnudo! Fue así como  la gente reconoció que había vivido  engañada. Fue así como  juntos decidieron que en lugar de vivir en una monarquía se quitarían  los disfraces y se pondrían a trabajar para  construir un país democrático y libre de la  pobreza. Reconocieron que había que  dejar atrás la vieja historia cargada de mentiras  y crear una nueva”.

Este cuento es una poderosa metáfora que puede interpretarse: “que quienes ven al rey vestido es porque ellos van disfrazados”, susurró el Clarinero. ¿Cuál es tu disfraz en este desfile de país? ¿Vamos a seguir disfrazados, jugando al juego de que el rey va vestido? ¿Por cuánto tiempo? En mi opinión, esta historia evoca la importancia de buscar la verdad, de recuperar la ética en nuestra vida privada y nacional. Quitarnos el disfraz implica dejar de confrontar, de elegir luchar por una nueva Guatemala. Si no lo hacemos hoy, como bien lo expresó en una entrevista el empresario y exministro de Finanzas Peter Lamport, del Frente Ciudadano Contra la Corrupción, “¿qué país estaremos heredándole a nuestros hijos y nietos? Hoy nos jugamos el futuro del país.

clarinerormr@hotmail.com

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