Un mundo políticamente correcto


Estamos acostumbrados a usar y escuchar el término “políticamente correcto”, un vocablo al parecer impreciso, empleado para caracterizar una serie de ideas y causas, que pensamos, carecen de alguna temática unificadora, más allá de ser política y socialmente “progresista” y la manifestación de un pensamiento “moderno”. No necesariamente comulgo con el pensamiento de Jefrey Breshears, pero en Orígenes del Marxismo cultural y la corrección política (2016), ofrece una perspicaz comprensión del fenómeno.

En la superficie, lo políticamente correcto parece no ser más que una orientación general, ciertas actitudes, vocabulario y comportamiento, que los guardianes morales de la izquierda progresista ven como socialmente superior. Para el autor, la mayoría de personas no percibe la corrección política como una ideología fija y asume que es bien intencionada. Sin embargo, sostiene, un examen cuidadoso de su historia y extensión revela algo muy diferente. Podría pensarse, por ejemplo, que la ideología de política de identidad, encarnada en diferentes movimientos y organizaciones en Guatemala, es una expresión autóctona, original, pero esto se distancia de la verdad, más bien forma parte de una corriente ideológica global. Lo políticamente correcto es un engranaje del más amplio marxismo cultural, sus raíces se encuentran en la Escuela de Frankfurt, la corriente intelectual de la nueva izquierda de la segunda mitad del siglo XX y de los manifiestos humanistas.

La corrección política encierra ciertos principios comunes que la definen. Las únicas ideas y prácticas sociales y políticas legítimas son aquellas que se apegan a la agenda humanista, progresiva y secular. Solo el verdadero progresista políticamente correcto es mentalmente sano y socialmente adaptado. El conservador es fascista, mental y moralmente inferior; no solo está equivocado, es ignorante y peligroso. La élite progresista y políticamente correcta tiene el derecho y la responsabilidad de guiar a los demás hacia la forma correcta de vivir y pensar. La sociedad evoluciona; lo que podría parecer verdad o razonable en el pasado, ya no aplica. Los valores son subjetivos y se derivan de la herencia cultural, raza, clase social, género y orientación sexual. Es más, agrega Breshears, para los postmodernistas todas las leyes son imposiciones de los poderosos sobre los débiles.

En el mundo políticamente correcto la educación no es un proceso de adquisición de conocimientos y destrezas, la preparación para una vida productiva autosuficiente, sino un instrumento de transformación social para adquirir los valores necesarios en una sociedad multicultural e igualitaria. Todas las sociedades y culturas son moralmente equivalentes y legítimas. El individualismo es una amenaza para la armonía social. La política se basa en la identidad de grupo, donde las personas se definen por su raza, etnicidad, clase social, género y orientación sexual; la ideología y la religión, no son más que superstición. Dadas las injusticias históricas, es necesario dar estatus especial a ciertas razas y etnias, mujeres y personas de sexo alternativo.

La civilización occidental y el consumismo son la raíz y causa de todos los males del mundo. El capitalismo, en particular, basado en la codicia y la explotación de las personas y recursos, es la causa de la pobreza, la desigualdad, la injusticia social, la destrucción del medio ambiente y el calentamiento global.

Si a usted esto le suena familiar, es porque somos bombardeados constantemente con esta forma de pensar. Me declaro políticamente incorrecto.

fritzmthomas@gmail.com

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