Lecciones aprendidas


Mientras  escribo  esta columna me  entero  de que Luis Rabbé fue capturado en México. Hace 5, 10, 20,  30 años esto era algo impensable. Cuando trabajé para  el telenoticiero 7Días, a finales de los años 80, el poder de Luis Rabbé era tal que aplastaba a sus enemigos. Ese tipo de empresarios-políticos controladores de la vida nacional,  dinosaurios,  no podrán dominarnos más.  Creo que este es un caso especial que anuncia cómo será el 2019, cuando en junio  acudamos a votar en la primera vuelta. Espero que,  para entonces, varios dinosaurios hayan desaparecido del escenario político. Por algo  seis expresidentes del Congreso  se encuentran privados de su libertad.

Como estamos en las puertas de esta etapa electoral, he estado haciendo un balance de las lecciones que hemos aprendido en los últimos 4-5 años. Es importante reconocer en qué hemos ganado y estamos avanzando, y en qué hemos retrocedido. Por ejemplo, uno de los temas que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en parte de nuestra conciencia colectiva es la presencia de nuestra Constitución y, a la par, el papel preponderante que ocupa en la vida nacional la Corte de Constitucionalidad. En el pulso que hoy en día hacen los viejos políticos corruptos contra los que queremos un futuro transparente, la CC ha sabido corregir el rumbo y ha puesto a Guatemala a flote contra quienes anhelan someterla. ¿Cuánto tiempo más aguantará la presión la CC? Dependerá de los ciudadanos, de quienes apoyemos un sistema de justicia independiente, que es la base de toda democracia. Hace cinco años el Ministerio Público era una institución opaca. Los chapines no teníamos idea de su importancia hasta que llegó Thelma Aldana y abrió brecha. A partir de entonces, y con el apoyo de la Cicig, se ha logrado combatir la corrupción endémica que no nos ha permitido avanzar como país.

Para comprender un poco más lo que puede pasar el próximo año electoral, tengo la imagen de la Guatemala que está muriendo y de la que quiere nacer. En la que está muriendo, cada una de las instituciones del país, desde la Presidencia de la República, El Congreso, hasta cualquier municipalidad, son organizaciones piramidales, hechas a imagen y semejanza del ejército. Todas tienen una cúpula en la cúspide, desde donde se ejerce el poder de manera omnímoda. Y esto no ocurre solo en Guatemala. En Nicaragua, la dictadura de Ortega y Rosario Murillo es un claro ejemplo. Han sometido y controlado a los nicaragüenses desde sus cúpulas de poder. Tienen cooptado al Estado. El caso de Venezuela también es una muestra viva de la vieja política donde el objetivo ha sido mantener alejado de las instituciones al ciudadano consciente. Y aquí, en Guatemala, el equipo de gobierno de la vieja política ha intentado conquistar a cada una de las cúpulas de nuestras instituciones. Un botón de muestra: los cambios realizados en la PNC hace algunos meses.

En este balance de lecciones aprendidas “no pierdo de vista la Guatemala nueva que está naciendo”, susurró el Clarinero, la que va dando muestras de surgir muy pegada a la voluntad ciudadana. Quienes han propiciado que el país dé sus primeros pasos hacia el futuro lo han hecho escuchando al ciudadano consciente. Los segundos pasos serán los de un gobierno dispuesto a trabajar con la gente. Muchos guatemaltecos exigiremos un plan de nación congruente, con profesionales probos, capaces y un ferviente deseo de servir al país. La verdadera propuesta de cambio nacional empezará con la transformación de las viejas instituciones piramidales. Llegó el momento de diseñar, con la creatividad que permite la tecnología moderna de las comunicaciones, instituciones abiertas a la participación ciudadana. ¡Guatemala lo necesita!

clarinerormr@hotmail.com

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