Eliminemos más obstáculos al desarrollo


Sigo con ideas de lo que se puede hacer para “reactivar” la economía, ya que mi artículo de la semana pasada al respecto generó muchas inquietudes. Resta decir que cuando la situación se pone difícil es cuando debemos de ser más creativos para encontrar soluciones. Que la situación económica en nuestro país está mal y apunta a peor, creo que ya no tenemos que ver un indicador más que nos lo confirme; lo importante es qué vamos a hacer al respecto.

La semana pasada mencioné el tema de los trámites, aunque me centré en el de las licencias de construcción. Casualmente hace un par de días encontré en las redes una gráfica de la cantidad de trámites en los diversos países de Latinoamérica y ayer un amigo me indicó de dónde salió esa gráfica, que es un estudio publicado recientemente por el BID denominado “El fin del trámite eterno”. Pues resulta que la gráfica que primero llamó mi atención muestra la cantidad de “trámites gestionados por el gobierno central” y, adivine qué: de los 19 países latinoamericanos analizados, ¡Guatemala tiene la cantidad más grande de trámites! Sí, Guatemala tiene cinco mil trámites, mientras que el país que menos tiene apenas llega a 366 y el promedio ha de estar alrededor de 2,500. No teníamos la evidencia, pero el sentido común nos decía que algo estaba mal en Guatemala y ya con estos datos se ve claramente: ¡nos ahogamos en un mar de trámites!

Pero allí no para la cosa. El 37 por ciento de los trámites requieren tres o más “interacciones” para su resolución en Guatemala, que también es una de las tasas más altas de la región. El estudio hace una correlación entre la cantidad y complejidad de los trámites y la complejidad regulatoria que existe en un país. Y como ya no podía sorprendernos, Guatemala también está por encima del promedio regional en cuanto a “complejidad regulatoria”. Un dato interesante de esta gráfica es que, contrario a lo que uno esperaría, la “complejidad regulatoria” en los países desarrollados es mucho menor que en los países latinoamericanos. Y por último, la cantidad de trámites que se pueden hacer digitalmente en Guatemala también es una de las más bajas de la región.

Así que, ya con evidencia, podemos sostener categóricamente que el lastre burocrático para cualquier actividad económica en nuestro país es inmenso. Y para eliminar o por lo menos reducir la dificultad de la mayoría de los trámites no se necesita cambiar ninguna ley, ni mucho menos la Constitución. Tampoco necesitamos “iluminados” en el gobierno, solamente gente sensata, con un poco de sentido común y que desee hacer algo bueno por el país. ¿Tan poquitos de esos habrá en el gobierno?

¿Qué más se puede hacer? Yo he sostenido desde hace mucho tiempo que se debe simplificar el sistema tributario. Aquí tampoco hay que hacer muchos cambios. De hecho, solo uno: cambiar la tasa del impuesto sobre la renta “alternativo” del siete al tres por ciento. Nada más. Con este cambio, la mayoría de las empresas utilizaría este sistema y el país se ahorraría millones de horas improductivas que se consumen en las empresas para “cumplir” con la compleja legislación fiscal y el todavía peor “criterio de ventanilla” de los burócratas de la SAT. La productividad en las empresas se incrementaría considerablemente, sin mayores cambios en la “recaudación” ya que el resultado que obtiene actualmente la SAT es muy similar, pero con costos altísimos para las empresas y para la misma SAT. ¿Hay otros cambios que se pueden hacer? Sí, pero empecemos por lo fácil y productivo.

Al igual que lo dije la semana pasada, repito hoy: ¿Qué hace falta? Solo la decisión.

Fb/jjliber

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