El camino de la incertidumbre


Entendemos por incertidumbre, el antónimo de certidumbre y certeza, o cotidianamente, no tener la menor idea de lo que pueda pasar; este es el camino que recorre Guatemala. El país está atrapado en un remolino de confrontación y conflicto que potencia la incertidumbre y agudiza, con acento, los problemas fundamentales subyacentes, como la pobreza, falta de empleo y oportunidad, la delincuencia organizada y común, la falta de seguridad, de salud y calidad educativa. Es decir, este remolino viene “encima de”, en una relación simbiótica en el que uno se alimenta del otro y lo agrava. Corre una interpretación simplista de esta confrontación, que la ve como un enfrentamiento entre los buenos y los malos. Los malos serían el presidente y en general el actual gobierno, el pacto de corruptos y todos sus secuaces, que invariablemente pueden incluir al empresariado, la fuerzas productivas, las multinacionales y en general, todos aquellos que pudieran diferir de lo que hagan los buenos. La Cicig, el MP, la CC, la  PDH, las organizaciones de “derechos humanos”, los medios que solo buscan la verdad, los países amigos y las organizaciones multilaterales como la ONU, con todos sus tentáculos, son los buenos. Cualquier cuestionamiento o señalamiento de las acciones de los buenos, amerita un inmediato, etiquetado lugar, entre los malos.

El fin justifica los medios, al parecer, aun cuando esto signifique socavar la ley. ¿Qué puede decirse de una Corte de Constitucionalidad que se siente empoderada para compeler al presidente a corregir una carta? La CC se ocupa de ¡una carta! ¿O que un domingo resuelve y en el curso de la misma semana, contradice su propia resolución? ¿O que anula un nombramiento de la CSJ, cuando la ley le prohíbe expresamente hacerlo?

Es indiscutible que la corrupción es un serio problema en el país, desde hace mucho tiempo; llegó a su zenit, quizás, con Otto Pérez, Roxana Baldetti y toda su banda de ladrones. Es innegable que hay que combatirla con rigor. También es indiscutible que no hay certeza jurídica y que tanto la CC como la CSJ bien pueden resolver conforme a derecho, o en apego a la conveniencia política y obedeciendo la presión activista. No es que la CC sea el único origen de la falta de certeza jurídica, pero sus acciones y resoluciones, como máximo garante de la carta fundamental, epitomizan como se tergiversa la ley, en aras de fines supuestamente más altos.

No hay que simpatizar con Jimmy Morales para observar con la claridad del día que efectivamente, la CC emite órdenes ilegales, con el escudo de invulnerabilidad que otorga el hecho que sus resoluciones son inapelables. El amparo es esa bala de plata que es capaz de matar cualquier cosa, instrumento jurídico predilecto para promover las causas del momento, coyunturales, en detrimento de la certeza jurídica. Aún para el no instruido en la materia, es evidente que la CC ha violado la ley, repetidamente, por conveniencia política.

Utilizar el mal con la intención de hacer el bien es una dicotomía ancestral y una ruta fraguada de peligros. Con vitorear, aplaudir y apoyar el mal uso de la ley y la instrumentalización de las máximas organizaciones jurídicas, siempre que debiliten a “los malos” y promueva la agenda de “los buenos”, crece la inseguridad jurídica y se amplía la incertidumbre. Se abre una caja de Pandora, que desata fuerzas incontrolables. Advertida de no hacerlo, Pandora abrió la caja y desatrailló a ocho demonios al mundo. Los primeros siete eran los pecados mortales y lograron escapar; el último fue la esperanza, que logró capturar.

fritzmthomas@gmail.com

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